El arte como denuncia y resistencia: el Guernica de Picasso.

Por Ulises González Garduño

Introducción.

 A lo largo de la historia se ha podido estudiar, analizar y reflexionar respecto al vínculo entre el arte y el poder. Por un lado, se ha observado que el arte ha servido para perpetuar la imagen de los poderosos, o bien, como propaganda política, entre otros aspectos. Sin embargo, también ha servido como manifestación de resistencia. De esa resistencia que no requiere de gran presupuesto y de armas, pero cuyo impacto permanece a través del tiempo. En ese sentido, el argumento central de este artículo es analizar el Guernica de Pablo Picasso como una obra que trasciende más allá de lo estético para convertirse en una manifestación política, simbólica y ética frente al poder totalitario. Por lo que, considero plantear algunas cuestiones: ¿Cómo una pintura puede ser equiparable a un manifiesto político? ¿Pueden las imágenes generar mayor impacto que las palabras bien estructuradas de un discurso? Para responder a estas interrogantes, se realiza un análisis del Guernica, apoyado en los planteamientos de Gadamer, Benjamin, Gombrich, Fleming, Peter Adam y Simon Schama. La hipótesis central es que el Guernica constituye una memoria estética que confronta al poder, cautiva al espectador y permanece vigente como símbolo universal de resistencia.

I. El arte como mediación simbólica: Gadamer y Benjamin.

Hans-Georg Gadamer (1999), en su obra denominada “Verdad y método”, plantea que la contemplación de las obras de arte no se limita a una experiencia subjetiva o meramente emocional, ni a una simple apreciación de lo estético o bello sin considerar el contexto. En realidad, él propone que la obra de arte es un fenómeno que nos muestra algo del mundo; por ello, cuando las personas contemplan una obra, se activa un proceso de comprensión en el que el espectador no solo observa, sino que se transforma en la medida en que interpreta.

En el caso del Guernica (véase figura 1), la transformación es profunda. Al observar esta obra no encontramos nombres, fechas ni personajes específicos, pero las expresiones que la conforman comunican con claridad la presencia del horror, una emoción que trasciende el tiempo y se vuelve universal. Gadamer (1999) plantea el concepto de “fusión de horizontes”, aplicable a la comprensión hermenéutica, es decir, al proceso mediante el cual una persona interpreta textos, obras y otras formas de expresión cultural. En este proceso, la experiencia estética se convierte en un ejercicio en el que el pasado y el presente entablan un diálogo. El Guernica, en este sentido, nos remite al pasado para permitirnos reconocer, desde el presente, la experiencia del dolor humano aún sin conocer el contexto específico (el cual se aborda en el apartado III).

Por su parte, Walter Benjamin (1936), afirma que en las sociedades sumergidas en el totalitarismo el arte sirve al poder, estetizando la política[1]. Sin embargo, el Guernica es una expresión artística que se presenta en el lado contrario de esta situación, convirtiéndola en una manifestación de resistencia. Lo anterior, ya que rompe con la belleza tradicional, y usa un lenguaje visual que expresa algo traumático con cuerpos despedazados y gritos sin sonido.

Figura 1. Guernica.

Fuente: Picasso, P. (1937). Guernica [Óleo sobre lienzo]. Museo Reina Sofía, Madrid, España.

II. El arte en regímenes totalitarios.

El régimen nazi utilizó el arte como instrumento de propaganda. De acuerdo con Peter Adam (1992) bajo este periodo se promovía un arte clásico, ordenado, hiperrealista, que buscaba la glorificación del líder (Hitler[2]) y los valores de raza y nación, que eran parte de su argumento político de superioridad racial. En 1937 el régimen Nazi organizó una exposición de arte denominada como Arte degenerado, en la cual mostraban el arte moderno y lo describían como “degenerado” o “no alemán”, y además lo prohibieron en todo el territorio alemán ya que no cumplía las características de su arte denominado “arte heroico”. Con esto se excluyó a artistas que en esa época eran considerados como modernos: Kandinsky, Klee e incluso el mismo Picasso. Lo preocupante no solamente era el intento de ridiculizar sus obras sino incluso de considerarlos como delincuentes, mostrando intolerancia profunda hacia aquellos que consideran distintos, no solamente en el físico, sino incluso en la manera de expresarse (en este caso a través del arte). Frente a este uso ideológico del arte, Picasso uso las “armas” que tenía a su disposición y realizó una especie de contrataque al producir la obra analizada en este artículo.  Básicamente el Guernica es lo opuesto a los edificios fascistas o a las esculturas monumentales soviéticas.

Este contraste va más allá de una mera expresión artística, ya que, por un lado, el régimen totalitario busca eternizar el poder, por su parte, el Guernica busca recordarnos que ese poder, cuando es excesivo y fuera de control, deja víctimas sin rostro ni nombre. Básicamente es un arte que no tiene la intención de complacer las miradas de los visitantes al museo o a la galería de arte, sino que, su fin es incomodar. Como señala Schama (2014), el valor del Guernica está en su capacidad de incomodar al poder incluso décadas después de su creación.

III. El simbolismo del dolor.

En el texto de Schama (2014) se aprecia que el Guernica está lleno de símbolos. Por un lado, el toro representa la brutalidad, el caballo herido al pueblo español, la madre con el hijo muerto simboliza al sufrimiento universal. La lámpara al centro representa el bombardeo de los aviones fascistas a la ciudad vasca de Guernica durante la Guerra Civil Española en 1937. Por otro lado, la flor que nace de una mano en el suelo, junto a una espada rota: es un símbolo de esperanza en medio de la devastación.

Estas interpretaciones pueden variar de acuerdo con las miradas que analicen la obra, sin embargo, esto también es parte del llamado arte moderno, ya que, de acuerdo con Warren Fleming (2005) este no busca representar la apariencia externa, sino la esencia emocional de los acontecimientos. En ese sentido, el Guernica no muestra bombas ni aviones, pero sugiere estos eventos a través de diversos símbolos como recursos de expresión.  

Picasso logra su cometido incluso expresando su arte solo en blanco, negro y gris. Esta decisión, de acuerdo con Jones (2012, 16 de octubre) fue una acción intencional para alejarse del placer sensorial del color y centrarse en una expresión intelectual y emocional más profunda. Lo anterior, menciona Jones (2012, 16 de octubre) fue inspirado en el diseño renacentista y en su propio estilo cubista, donde el blanco y negro permite quitar distracciones de la pintura y dirigir la atención a la estructura del dolor y la violencia. Es así, que el Guernica no busca ser contemplado, sino pensado e interiorizado.

IV. La vigencia del Guernica en el siglo XXI.

El Guernica no es solo una pintura famosa que se puede contemplar en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía ubicado en Madrid, España. Sino también es una obra de arte que ha impactado a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en el 2003, cuando el secretario de Estado de ese entonces en EE. UU., Colin Powell[3] iba a dar una conferencia sobre Irak ante la ONU, se cubrió con una tela azul la réplica del Guernica que colgaba en el edificio.  Básicamente lo que sucedió fue que funcionarios del gobierno estaban preocupados sobre la imagen que representaría la aparición de Powell frente a una famosa obra de arte pacifista mientras hablaba del envío de soldados estadounidenses al combate. A este grado llega el poder de esta obra de generar incomodidad sobre los poderosos y el ejercicio de su poder.

Hoy, en el mundo, las guerras persisten. Vemos en las noticias ataques y amenazas constantes entre países como Ucrania y Rusia, o más recientemente entre Israel e Irán. Incluso entre los poderosos ya no se lucha solamente por los intereses de los Estados-nación, sino por intereses propios, como en los casos de Trump y Elon Musk. Por eso, el Guernica sigue siendo actual. No por su contexto, sino por su lenguaje: el del dolor humano, la pérdida y la denuncia. En redes sociales aparece en protestas, murales y carteles. Picasso no solo creó una obra de arte que representó a una ciudad bombardeada, sino que en ella expresó el eterno rostro del sufrimiento humano, convirtiéndose en una verdadera obra maestra, no precisamente por su técnica ni por su fama, sino por el poder que tiene para seguir incomodando hoy en día a aquellos que gozan de un poder capaz de crear el sufrimiento humano.

Referencias.

Adam, P. (1992). The Art of the Third Reich. Harry N. Abrams.

Benjamin, W. (1936). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica. En Discursos interrumpidos I. Taurus, 2003.

Fleming, W. (2005). Arte, música e ideas. Ensayos sobre el arte occidental. McGraw-Hill Interamericana.

Gadamer, H. G. (1999). Verdad y método (Vol. I). Salamanca: Sígueme.

Gombrich, E. H. (1997). La historia del arte. Phaidon.

Jones, J. (2012, 16 de octubre). Picasso’s love affair with monochrome. The Guardian. Recuperado de https://www.theguardian.com/artanddesign/jonathanjonesblog/2012/oct/16/picasso-love-affair-monochrome

Schama, S. (2014). El poder del arte. Guernica de Picasso. En F. Ayala Blanco (Coord.), Reflexiones sobre hermenéutica, arte y poder (pp. 91–110). UNAM.


[1] Se refiere a que se usa como propaganda para glorificar al Estado, al líder o la ideología dominante. Y básicamente consiste en expresar una fuerte carga emocional, simbólica y visual poderosa.

[2] Quien curiosamente quería ser artista profesional de acuerdo con su autobiografía Mein Kampf, pero no pudo entrar a la Academia de Bellas Artes de Viena.

[3] https://www.theartnewspaper.com/2021/02/26/tapestry-replica-of-picassos-anti-war-masterpiece-guernica-removed-from-united-nations-headquarters-after-35-years

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Comments

3 respuestas a “El arte como denuncia y resistencia: el Guernica de Picasso.”

  1. Avatar de Rachel Ramírez Vargas
    Rachel Ramírez Vargas

    Me agradó especialmente el ejemplo del primer párrafo del apartado IV, es poderoso.

    1. Avatar de ulises.gonzalez.garduno

      Muchas gracias por tu comentario y por leerlo. Te invitamos a compartirlo para que llegue a más lectores.
      Saludos.

  2. Avatar de ridi pagliaccio
    ridi pagliaccio

    Los garabatos que se pintan en los muros ajenos, son las firmas sobre algo generalmente descuidado, gris, feo o desarmónico, pero también sobre lo bien cuidado en dónde la desarmonía de la firma le otorga lo que le falta y lo hace perfecto. En ambos casos los defectos quedan impresos para dar noticias y testimonio de su condición.

    Es un símbolo y recuerdo de lo que permea a todos en el intento de comunicación bajo una obediencia que interfiere en la claridad del propósito.

    El ímpetu natural a la desobediencia se convierte en transgresión, no a la ficción de ley, saber o creencia que se impone desde una autoridad y dueño, sino a su propia consciencia.
    Para el huérfano de consciencia la ficción es la única realidad que convierte en objeto de ficción, condición para que sea observado y prestada la atención. El desfogue de la represión va acompañada del saborear su poder con goce adictivo, lo que convierte a la víctima en victimario en diferentes graduaciones entre el dolor y placer, repetición representada en un teatro.
    La transgresión o la agresión en trance, se convierte en un lenguaje del cual se sedimentan palabras extrañas y específicas de la locura, dónde se distorsionan los significados, propósitos y sentidos de la justicia, el amor, el respeto y la libertad que desde la carencia, emergen lógicamente el castigo, la represión, la tolerancia y la obediencia para indicar la condición afectada a la supervivencia, en dónde actúa la lucha, la parálisis y la huida, ocultando lo esencial y trascendente en el baúl de los misterios.

    ¿Qué se ama y que se desprecia?

    Por lo tanto, una ficción de ley, saber o creencia, que puede ser una palabra, sueño, ideología y sistema, son circuitos cerrados en dónde los inicios y fines se encuentran prestablecidos. Las variantes son anecdóticas que pasan a llenar el saco de las estadísticas.
    Cada creyente recreará una nueva versión a su medida para formar parte del circuito lógico y retroalimentarlo.

    Por eso, hay que tener presente la mecánica clásica de los automatismos que forman lo aparente bajo una lógica binaria plasmada en planos bidimensionales.
    Los ojos y oídos pueden ser muy fácilmente engañados por la belleza y atraidos en el horror.
    El que es atrapado en la mecánica, no sólo puede ser atrapado entre cuatro paredes, sino hasta dentro de un diamante.

    El amo y el esclavo son extremos de una misma vara, uno de ellos cree ser la única realidad.
    El amo utiliza las virtudes y defectos como objetos de ficción dentro de un tablero de juego. Mientras en el esclavo, ese bien y mal se encuentran en pugna eterna y equilibrada. Ambos constituyen una normalidad monolítica en dónde los defectos deben perdurar como virtudes para señalar la existencia del opuesto, por lo cual las virtudes quedan reprimidas, sin aprender cual es el error y el defecto que lo genera.
    Los carceleros y al mismo tiempo, guardianes, son claros en el amo, reflejado en la sofisticación de su herramienta tecnológica virtual y física en la que depositan ilusoriamente toda su responsabilidad, mientras en el esclavo es un Dios, idea, entelequia perfecta a la que nunca puede superar por su imperfección eterna, mientras se conserve como verdad en la memoria de las apariencias, que es atemporal.
    El resultado es el transhumanismo, concretado en un Dios binario, eléctrico y magnético de bolsillo y a la medida de cada usuario.

    El creyente nunca elige a un presidente, ni al rey o Papa, tampoco al pastor o gerente, juez o general, y menos al dueño de la tierra o empresa en dónde trabaja. El contrato es entre los que saben y mandan con los que ignoran y obedecen.
    Cuando los reinos se asocian se les llama imperio, una sociedad anónima.
    El teatro de realidad establecido es constituido por ficciones fantásticas, legales y técnicas. El adiestramiento se realiza con premios y castigos, pero el verdadero premio es no ser castigado, por lo cual solo existe libertad condicional con permisos con bajo tributos, y es llamado Derecho.

    Por eso el arte expone lo aprendido con la virtud, o el producto de su defecto en dónde la virtud se encuentra en segundo plano.

    Al entrar al cuento de Caperucita roja inconscientemente, el cliente no irá a dónde quiera, sino que es obligado a transitar por dónde está programado ir.
    Mientras entiendes el cuento, están pasando cosas… La normalidad.

    ¿Quién fue primero, el engañador o el engañado?

    Todo es arte, y el arte es un juego. Hay que aprender a jugar. Por lo cual, cada palabra tiene su sitio.

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