Aquí no se habla de fascismo

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Manuel Cabanas Veiga[1]

En el casi 90 aniversario de las, desgraciadamente famosas, Leyes de Núremberg, la historia se repite. Si antaño nos preguntábamos como era posible que los alemanes privasen de su nacionalidad a los judíos, hoy sucede lo mismo con los hijos de latinoamericanos nacidos en suelo estadounidense. Me gustaría preguntar a la ciudadanía de EEUU para qué han luchado en el pasado; de qué ha valido todo su sacrificio, defendiendo su territorio en el campo de batalla si, en el plano político, han claudicado. Me gustaría saber lo que siente el veterano de la II Guerra Mundial que ve alzar el brazo desde la tribuna presidencial de su Nación. Imponentes murallas fueron las de Constantinopla que, sin embargo, cedieron cuando el enemigo se les coló por la puerta de atrás. Pero aquí no se habla de fascismo.

Tampoco nadie se espanta cuando Bukele convierte las cárceles de su país en campos de concentración. O cuando Israel bombardea a inocentes, saltándose a la torera los Tratados Internacionales. Creo fervientemente en el dogma de los derechos fundamentales; y así espero transmitírselo a mi alumnado este cuatrimestre. Pero tampoco les quiero mentir. Porque parece que los derechos sólo importan cuando se le vulneran a una persona occidental de cierta clase social. No quisiera tener que decirles que, en la realidad, la vida de un CEO estadounidense vale más que la de miles de personas en Gaza. Porque eso sería fascismo, y aquí no se habla de eso.

Quisiera contarles que, aunque los derechos se pueden incumplir puntualmente, siempre se protegen. Pero parece que hace tiempo que eso ya no es así; o, quizás, nunca lo ha sido. Porque cuando los derechos sólo pertenecen a unos pocos, se convierten en privilegios. Pero eso sería fascismo y aquí no se habla de eso. Aunque así muere la Democracia: llamando al enemigo con otro nombre.


[1] Dr. Manuel Cabanas Veiga. Profesor Investigador Ramón y Cajal de la Universitat de Lleida, Dr. en Derecho Constitucional por la Universidade da Coruña y amante de los chilaquiles, el Don Julio y el vino albariño

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