Cielo Dafne Vargas Meza[1]
La educación es una importante herramienta para la deconstrucción, crítica, liberación, difusión de cultura y fomento de pensamiento y curiosidad: en un contexto de feminismo moderno, se concibe como derecho, práctica de emancipación o lugar de superación de la discriminación.
Según Simone de Beauvoir, en El Segundo Sexo (1948), una mujer no nace sino se convierte en tal, por una serie de prácticas educativas que abarcan desde la familia hasta el estado, pasando por la religión, la cultura popular y las normas sociales y de etiqueta.
En lugares como laboratorios, mercados, deportivos, bibliotecas y otros espacios se ha despertado la curiosidad de las mujeres; y por ello han liderado movimientos para conquistarlos.
Sin esta necesidad de independencia económica y espacio para la creación que sabían las mujeres que necesitábamos, seguramente muchas de nosotras no estaríamos gozando el ejercicio de este derecho y el aprovechamiento del enriquecimiento intelectual para la aportación de creaciones femeninas.
El Antecedente
Durante la época prehispánica, la educación de la mujer era fundamentalmente doméstica, práctica y centrada en la reproducción de la cultura y la economía familiar. Su papel se centraba en ser la mujer en la familia, sin la posibilidad de decidir el papel que quería tener.
En la época colonial, con la conquista militar inicia también la llamada conquista espiritual; el catecismo y aprendizaje de las oraciones principales, los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Además, la doctrina para la mujer estaba enfocada en el matrimonio o la vida conventual.
Históricamente, el siglo XIX fue significativo en los procesos de fortalecimiento del desarrollo educativo de las mujeres.
En 1856, se hicieron peticiones públicas para establecer planteles de educación secundaria para mujeres. Mientras que, para 1880 se le permitió, por primera vez a una mujer: Matilde Montoya la entrada para tomar clases en la Escuela de Medicina. Y en 1889, la Escuela Secundaria de Niñas en la ciudad de México se convirtió en la Escuela Normal de Profesoras.
En 1910 había ya cinco mujeres doctoras, dos dentistas, una abogada y una química. Cabe resaltar que pertenecían a la clase económicamente privilegiada. El patrón se seguía replicando: las mujeres que vivían en medio rural o en el seno de una familia de escasos recursos, tenían menores posibilidades de acceder a la educación. Situación que aún prevalece.
En 1991 sólo un 10% de las mujeres mayores de 12 años declaraba haber alcanzado estudios superiores, mientras esa cifra era de 18% en el caso de los hombres. Con base en lo anterior, observamos que en México se combinan fuertes diferencias socioeducativas generales, con notable desigualdad siempre, en perjuicio de la mujer.
La paridad de género se ha estado consolidando a lo largo de las últimas décadas, sin embargo, hay mucha tarea y labor que hacer para llegar a espacios en los cuales aún no permea.
Lo positivo
La educación nos ha permitido incidir en otros espacios: instituciones, espacios culturales, televisión, revistas, escuelas, campo, negocios, empresas, lugares en los cuales nunca se hubiera tenido una oportunidad para involucrarse, o por lo menos, participar.
Pese a los persistentes rezagos y al trato diferenciado, se han logrado avances significativos, gracias a las mujeres que han transformado y realizado diversas acciones para incidir en la configuración del sistema educativo. Figuras como Sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral, Julieta Fierro, Rita Cetina, María Montessori, Katia Echazarreta, entre otras, rompieron barreras y alzaron la voz para que el conocimiento fuera una herramienta de empoderamiento y libertad para la mujer.
La ciencia, la política, el arte y la literatura han sido un refugio para la expresión de cómo se concibe el mundo, además de una herramienta de denuncia y de desobediencia, para participar en espacios en los que las mujeres han sido negadas.
La pluma de las mexicanas, a lo largo del tiempo, han hecho uso de la palabra para nombrar aquello que no debe ser nombrado. Escribir, estudiar, investigar y colaborar en la ciencia son actos de apropiación del mundo: es dejar de ser el objeto de la historia para convertirse en las escritoras de su propio destino.
Diversas voces de educadoras, escritoras, científicas, ingenieras, abogadas y políticas con su esfuerzo están trazando un mapa hacia la liberación femenina. Esta “creación femenina”, o nuevo mundo que se crea protestando, creando un libro que inspire, o haciendo el deber de las autoridades es, en esencia, una pedagogía de la liberación.
Al leer la vida y obra de otras mujeres, descubrimos que nuestras experiencias de opresión no son casos aislados, sino fallas de un sistema que debe ser cuestionado y transformado.
Leemos e imaginamos mundos donde el dominio cotidiano se disuelve, convirtiéndose en el primer paso para materializar esa libertad en las calles, en las aulas y en la vida misma.
Lo negativo
La necesidad de educar a las mujeres forma parte del concepto paternalista de una sociedad que busca cumplir sus propias metas, pero sin considerar los ideales personales o individuales que podría tener la mujer para mejorarse a sí misma (Carner, 2006).
Como se puede observar en el antecedente, la educación siempre ha estado presente en función de atender las necesidades del sistema. Sin embargo, siempre han existido esas grandes voces que, desde la curiosidad, la acusación, la rebeldía, la desobediencia han abierto espacios para la creación de espacios que atienden única y exclusivamente nuestras necesidades.
Por ejemplo, Sor Juana Inés de la Cruz, poeta, fue una de las primeras en acusar a los hombre, a tachar sus necesidades, sus infantilismos a través de su pluma, dejando de manifiesto la falla del sistema patriarcal y el de las instituciones, entonces, dime tú, ¿Seguiremos acusando a los hombres necios o levantaremos la voz en contra de la opacidad del sistema en función de sus propias necesidades, rebasando así las de nosotras?
El privilegio no nos puede apartar de las realidades funestas en las cuales:
1) Existen espacios rurales y urbanos en los cuales a las mujeres no se les permite acudir a la escuela;
2) La escuela se convierte en un espacio donde se aprende a jerarquizar la vida y a normalizar la violencia.
El contexto actual en el que vivimos requiere hablar con urgencia de la crisis de violencia de género en México que se reproduce desde los propios hogares hasta diferentes niveles educativos que comienzan en la educación básica hasta la universidad, trascendiendo hasta niveles de la academia. Testimonios sobre cómo en espacios educativos las mujeres han sufrido desde discriminación, abuso sexual y violencia epistémica, son demasiados. Y han existido denuncias, como: #metooacadémico, tendederos, demandas, entre otras, faltan políticas con las cuales se prevengan los actos con los cuales se transgrede la integridad de la mujer.
“La educación es hoy un instrumento de reproducción de la ceguera moral. Si no logramos desmontar el mandato de masculinidad, la escuela seguirá siendo un espacio donde se aprende a jerarquizar la vida y a normalizar la violencia.” Segato (2018).
Contrarrestando los efectos: Conclusiones
Existen muchas carencias y fallas estructurales por parte de las instituciones, que tienen en el abandono uno de los más grandes problemas sociales del siglo XXI. No basta con que se realicen campañas estériles que pretenden únicamente visibilizar el problema de discriminación y violencia epistémica, se debe atacar de raíz la problemática, a través del seguimiento de un ciclo de políticas públicas.
La educación debe seguir siendo este puente de la curiosidad, la proyección y aportación para otros espacios. Empero, no solo ello, debe ser este espacio de esparcimiento, recreación y disfrute para niñas y mujeres, en el cual se nos permita compartir el cómo vemos el mundo, así como la belleza y fragilidad de la vida cotidiana.
Referencias
Gargallo, Francesca. (2008). El feminismo y la educación en y para nuestra América. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, 13(31), 17-26. Recuperado en 11 de marzo de 2026, de http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1316-37012008000200003&lng=es&tlng=es.
Valdés Echenique, Teresa y Enrique Gomáriz Moraga, coords. 1993. Mujeres latinoamericanas en cifras: México. Santiago de Chile: FLACSO Chile / Instituto de la Mujer / Ministerio de Asuntos Sociales de España.
La participación de la mujer en la educación, ubicado en https://bvirtual.ucol.mx/descargables/166_participacion_de_la_mujer_en_la_educacion.pdf
Lechuga Montenegro, Jesús, Ramírez Argumosa, Giovanna, & Guerrero Tostado, Maricruz. (2018). Educación y género. El largo trayecto de la mujer hacia la modernidad en México. Economía UNAM, 15(43), 110-139. https://doi.org/10.22201/fe.24488143e.2018.43.387
[1] Abogada, maestra en políticas públicas comparadas y fundadora del Club de Lectura: Medio Libro y un Pan, lo puedes seguir en el siguiente enlace: https://www.instagram.com/mediolibroyunpan?igsh=dng5NG81M2JkajZ5; Amante de la buena literatura y de los parques.
Foto de la marcha del 8M en la CDMX (año 2026).

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